Builders OFF the Record

REC · EP 21 · 1 h 32 min

Dot Dager

Filosofía, .NET y comunidad con Mariano Villa, Dot Dager, lead dev, creador de contenido y cofundador de PulsePath — de la carrera de filosofía al código, reinventar la rueda en stream, empezar por la tecnología antes que por el mercado y la libre expresión.

Mariano Villa

Cuando vos sabés algo realmente es cuando lo podés explicar.
Tenés más servicios que usuarios.
Lo que vos hacés es crear, y eso es algo más propio de un artesano que de un científico.

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Transcripción

El invitado va con nombre. El resto de la mesa, como Mesa.

Episodio 21. Un chat como nunca, una ronda de presentaciones para la audiencia nueva y un check-in cargado —el piloto de Roundly en un hospital, Grok Bot sin créditos, Luigi en Brasil en plena elección, una hackathon en Rosario que pasó de 70 a 500 inscriptos, una Buildathon en las oficinas de Disney y una pausa en la mesa—. Entra Mariano Villa, Dot Dager, lead dev, creador de contenido y cofundador de PulsePath: la licenciatura en filosofía y el curso de desarrollo web que le cambió la carrera, el disfrute de entender cómo funcionan las cosas, .NET y Java en tiempos de IA, por qué reescribir Git o un servidor DNS desde cero sigue teniendo valor, la rutina por objetivos, los cursos y el “sé curioso”, el packaging del contenido, la censura y las community notes, y una startup que armó toda la tecnología antes de encontrar su mercado.

Check-in

— Mesa: Buenas, buenas. ¿Cómo están, muchachos? Nunca había visto el chat con tantos mensajes en la previa del programa.

— Mesa: Tenemos un invitado que convoca. Ya desde la publicación en Twitter, y en Instagram, donde hicimos la collab y la aceptó: likes y comentarios a rolete. Me reí mucho con algunos. Si quieren arrancamos con la ronda de check-in.

— Mesa: Arranco. Fue una semana muy intensa y estuve esperando mucho este capítulo: el invitado tiene pinta de ser todo un personaje. Mañana es un día muy importante para el proyecto que vengo laburando hace varios meses: vamos a estar en un hospital para configurar el primer piloto de Roundly. También tengo una reunión importante a la tarde, después está la BitConf, que es viernes y sábado, y paso un rato por la SideQuest. Estuve preparando todo para la reunión de mañana.

— Mesa: Yo bien. Estoy a full con Grok Bot: me quedé sin créditos y me cortaron las piernas. Le di acceso a tres cuentas de mis redes y me estaba haciendo la distribución, obviamente con mi aprobación. Estoy iterando todo eso. Mucho laburo, como siempre.

— Mesa: Yo sigo en mis vacaciones. Cometí el error de venir a Brasil en medio de las elecciones, así que cuando quiero ir a la playa hay una movilización. Error estratégico. Pero sigo tratando de aprovechar y, desde la distancia, de ayudar a la comunidad de Mar del Plata, porque vamos a tener nuestro Grok Bot Meetup. Estamos buscando speakers: si alguien es power user de Grok Bot y quiere viajar a Mar del Plata a dar parte de los talleres conmigo, sepa que hay espacio.

— Mesa: Yo tuve una semana movidísima. Hago un recap de la hackathon: la primera edición tuvo alrededor de 70 inscriptos, y de hecho gané un premio. Para la segunda nos pusimos a organizar y llegamos a 500 inscriptos; vinieron unas 300 personas a buildear, con sponsors de primerísimo nivel. Tuvimos la ayuda de soda Estambul, gente de Celo, y café de especialidad con etiqueta propia. Antes de eso estuvimos en la Rosario Tech Week, que tuvo más de 40 eventos en más de 30 sedes: tremendo. Hice contenido que todavía no llegué a editar, así que cuando lo vean háganse los sorprendidos.

— Mesa: Ayer además fui speaker en un evento muy grande de agro en la ciudad de donde soy originario, hablando de cómo optimizar procesos con IA dentro de las empresas. Me preguntaron qué pasa con las empresas que no se actualizan y me salió del alma: “se van a fundir”. Fue súper sincero, no muy diplomático. Y recién vengo de otro evento, el primero de ProductTank Rosario, donde hablamos con Ari de producto: cómo elegir ideas, pensar en negocio, producto, marketing y tecnología, porque podemos hacer de todo, pero no todo tiene sentido. Llegué al trote, transpirado y con la mochila con la compu, por si había que laburar en algo de urgencia. Y ya tuvimos gente que llegó al evento por Nexa.

— Mesa: Para los que son nuevos: Nexa es la app y el sitio de Ale para eventos y comunidades, para que nadie se pierda ningún evento y para hacer networking. A mí me sirvió: a varios de los chicos los conocí por ahí. Hay mucha gente que viene del canal de nuestro invitado y pregunta quiénes somos y qué hacemos, así que hagamos una pequeña ronda de presentación. Pero antes, un saludo a Arthur, que está en el chat: es el sexto host de Builders OFF the Record y mañana corre un Ironman, por eso hoy no está. Te conviene ganar o no vuelvas.

— Mesa: Para los que no me conocen: tengo una startup de legal tech —justo hoy Anthropic sacó plugins de legal tech, pero seguimos trabajando, no nos fundimos aún—, tengo el programa de streaming con los chicos y me gusta hacer aplicaciones de todo tipo, web y mobile. Vengo del nicho tech pre-IA.

— Mesa: Yo soy Huevo, que es un apodo amistoso. Hago contenido, y me gusta mucho hacer producto: hace dos años que vengo armando producto pre-IA, y la ola de la IA me ayuda a crear mis ideas más rápido. A la vez tengo mi agencia de software, donde armo las páginas web de las empresas. Ahora estoy con un proyecto para hospitales que me tiene muy entusiasmado, que se llama Roundly, y además hago comunidad en zona norte de Buenos Aires, buscando conectar a la gente de tecnología de la zona.

— Mesa: Yo soy Gastón Foncea. Construyo productos para clientes y para mí mismo —estoy por lanzar una aplicación mobile— y algunos repos open source. Hacemos mucha comunidad en Córdoba: hicimos una hackathon grande en las oficinas de Naranja, con 400 inscriptos y 100 personas presentes. Nos gusta participar en hackathons y viajamos mucho a Buenos Aires: somos una banda bastante manija.

— Mesa: Es muy difícil hablar porque el chat está prendido fuego. Yo soy Luigi Canoro: soy brasileño y vivo en Argentina hace más de 13 años. Hace 10 años que trabajo en tecnología: arranqué en Globant y hoy trabajo para bancos de Estados Unidos. Creé empresas como PsicoConecta y Pavla, y me fui sumando a la banda de Builders OFF the Record.

— Mesa: La primera vez que hicimos stream me preguntaron qué hacía y dije que era “manija”, y me cagaron a pedos por todos lados. Así que hoy voy a decir la verdad: en realidad soy una inteligencia artificial, estamos hechos con Higgsfield. No, en serio: soy capacitador de empresas privadas en adopción de IA, profesor de inteligencia artificial en una diplomatura de la UCEL y fundador de Nexa, una plataforma para conectar comunidades: estamos en más de cinco países de Latinoamérica, con más de 50 comunidades y más de 3 millones de miembros en las comunidades que interactúan con nosotros. Soy embajador de SpaceX, soy parte del Supa Squad de Supabase y organizador de eventos compulsivo: organicé más de 10 eventos en los últimos seis meses. Así que imagínense: no duermo mucho.

— Mesa: Buen resumen. Mi check-in: esta semana un montón de laburo y de estrés. Mucho de DiliCheck, que es la startup legal tech, y entré en un side project con un conocido.

— Mesa: Que no querés revelar.

— Mesa: Estoy dando un par de pistas en redes, pero todavía no lo voy a decir. Y no sé si es una buena o una mala noticia, pero es una noticia: me voy a tomar una pausa de Builders. Ya lo hablamos con los chicos hoy. De momento es indefinida, más que nada para descansar y tener un poco más de tiempo. Parece que nos conectamos y hablamos, pero detrás hay mucha producción. Los chicos lo entendieron perfecto.

— Mesa: Antes de sumar al invitado, quiero que Huevo cuente lo de hoy.

— Mesa: Hoy tuvimos un gran evento: una Buildathon, que vendría a ser una hackathon educativa para gente que no es tech. Muy copada, con muchos perfiles que tenían ganas de aprender a usar IA. La organizó Pato con su empresa, que es básicamente un equipo extendido de IA para equipos de empresas, para que la gente se entusiasme armando cosas con IA. Fuimos a las oficinas de Disney en Pilar: había cosas de Disney por todos lados, un Hulk enorme, los Simpsons. Y por si alguien preguntaba en el chat: me dicen Huevo desde el colegio, porque decían que tenía cabeza de huevo. Quedó, lo abracé y armé toda una marca personal alrededor de eso.

Dager en la mesa

— Dager: Desde ya les agradezco la invitación, y les pido disculpas por la gente del chat.

— Mesa: Es una de las cosas de las que nos preciamos. Tenemos una primera pregunta para todos los invitados, que es quién sos y qué hacés, pero presentate como quieras.

— Dager: Yo soy Dager: la gente me conoce así en internet. Mi nombre es Mariano, y vengo acá en calidad de pepinólogo y de cofundador de PulsePath. Me intimidan un poco con tantos achievements: están a full todo el tiempo.

— Mesa: Ya veo pepinos en el chat.

— Dager: Sí, pongan pepinos en el chat.

— Mesa: ¿Nos contás qué es PulsePath? Sos streamer y creador de contenido, pero acá nos metemos mucho en ese otro lado.

— Dager: La creación de contenido para mí, hasta el día de hoy, sigue siendo más que nada un hobby. Soy desarrollador de software hace muchos años, devenido team lead o lead developer, y ahora cofundador de PulsePath. Es una empresa que fundé con un colega con el que vengo laburando hace varios años dando soluciones informáticas a investigadores en ciencias sociales. Mi colega es doctor en matemática y profesor universitario hace como 30 años en Estados Unidos. Hace más o menos un año nos pusimos de acuerdo en que estaría bueno aplicar algunas de esas técnicas, muy comunes en ciencias sociales, al éxito académico: que a los pibes les vaya bien en la universidad, haciendo leverage de estas nuevas tecnologías. Y del lado de las instituciones, empoderarlas para que tengan más visibilidad de cómo les está yendo a sus estudiantes. ¿Se entendió algo?

De la filosofía al código

— Mesa: Se entendió. Y me da pie para algo muy particular tuyo: vos estudiaste filosofía. ¿Cómo se da eso de filosofía y desarrollo, que no suelen ir tan de la mano? ¿Cómo fueron tus inicios?

— Dager: Soy un tipo con tremendo déficit de atención desde muy chico, y me gusta mucho estudiar: aprender cosas y enseñar cosas es de lo que más me interesa en la vida. Durante toda mi adolescencia estuve muy tirado para el lado de la literatura y la filosofía, e hice la licenciatura en filosofía en la UBA. Y después descubrí sistemas de casualidad. Vivía en Capital, laburaba, hacía la carrera y tenía un rato libre a la noche. Había un centro de capacitación cerca y dije: voy a hacer un curso de desarrollo web, sin tener ni idea de qué era. Había jugado con computadoras —manoseando el registro de Windows hasta que no me iniciaba más el sistema operativo, esas cosas que todo niño hace—, pero no entendía una goma. Hice el curso de desarrollo web, después otro de administración de servidores y redes, y me empezó a resultar interesante.

— Dager: Me acuerdo claramente de una conversación con un colega que ya laburaba en sistemas. Yo creía que la programación era todo matemática: que había que ser un crack en matemática, porque es un lenguaje formal, la lógica es algo formal, y yo soy un queso en matemática. Eso fue un tremendo breakthrough. Le comenté mi dilema y me dijo: “Con filosofía, vos y yo sabemos que te vas a cagar de hambre. La filosofía te va a seguir gustando. Si esto te gusta y se combina con eso que tenés de que te gusta estudiar, te va a dar un mejor pasar económico. Empezá por sistemas, y cuando tengas un buen pasar te podés sentar todas las tardes a leer filosofía”. Y así pasé a sistemas.

— Mesa: ¿Y la filosofía la seguiste tocando o dijiste “chau, lo otro lo descarto”?

— Dager: Tuve una luna de miel en la que estuve furiosamente apasionado con todo lo que era sistemas. Me resultaba increíble que hubiera una industria del conocimiento donde podías ganar bien por saber o por aprender cosas. En mi primer laburo de programador me decían “sentate ahí y aprendé hasta que logres destrabar este problema”, y para mí era la panacea. El principio rector era poder estudiar y, a la vez, hacer otra de las cosas que más me apasionan en la vida, que es comer cuando tengo hambre, una materia que en filosofía no se estudia tanto. Tuve un período en el que me alejé bastante, y en los últimos años volví: nunca dejé del todo la filosofía, y ahora me interesa mucho más la economía. Estoy haciendo un bachelor's en Computer Science y, cuando termine, tengo la idea de estudiar economía o volver directamente a filosofía.

— Mesa: Dijiste que la programación te dio la comida que la filosofía no te daba. ¿Hay algo que la filosofía te haya dado y que a la programación le falte?

— Dager: Qué buena pregunta. Creo que hay cosas de la filosofía como la forma analítica de ver el mundo, el pensamiento holístico y ciertas habilidades de comunicación. No sé si es una racionalización a posteriori para justificar los años que pasé leyendo libros random —hay una definición que me encanta: la filosofía es el estudio de aquellas cosas que solamente a un filósofo le podrían interesar—. Pero creo que hay una intersección. La filosofía es la madre de todas las ciencias, y el pensamiento analítico y racional se ve en sistemas. También esto de poder debatir tus posiciones y entender lo que la otra persona quiere decir: en los debates técnicos, las personas son técnicas, pero primero son personas. Me ayudó a pararme desde una perspectiva analítica en mi laburo. Y un poquito de chamuyo nunca viene mal.

Donde se cruzan los dos mundos

— Mesa: ¿Y pensás cruzar la filosofía y la programación en algún momento?

— Dager: Lo que hago hoy surgió un poco de eso. Los primeros cuatro o cinco años de mi carrera estuve programando en una software factory centrada en comercio exterior. En un momento me di cuenta de que ese dominio no me interesaba: estaba acumulando un montón de conocimiento especializado sobre cómo se hace una declaración de importación, y llegaba a mi casa y la verdad es que no me importaba. Siempre les digo a los pibes que traten de buscar el dominio que les interese y de adueñarse de su carrera. Una empresa no agarra cualquier materia prima y produce lo que le dé dinero: tiene una misión, se dedica a algo. Vos como persona, aunque vendas tus servicios a un solo cliente como programador, tenés que buscar ese nicho que te interese.

— Dager: Lo que estuve haciendo en los últimos cuatro o cinco años tiene que ver con encontrar una intersección entre el mundo académico y el de la programación. Por eso pasé del comercio exterior al dominio de las investigaciones sociales. Mucho del laburo de estos años fue agarrar sociólogos que necesitaban estudiar una población específica y resolverles eso tecnológicamente, porque sigue siendo un problema de sistemas. Por ejemplo, querés estudiar si una persona en recuperación de una adicción siente un craving más fuerte cuando pasa cerca de un bar. Es una pregunta sociológica, con una hipótesis de correlación entre dos variables. Pero también es una pregunta técnica: ¿cómo carajo hago para darme cuenta de cuándo esa persona está pasando al lado de un bar y hacerle la pregunta en ese momento? Ahí encontré la intersección.

— Mesa: Y la creación de contenido también parece eso: disfrutás lo tecnológico, pero también hablar de los temas que realmente te copan.

— Dager: La creación de contenido es un gran canalizador para hablar boludeces y tocar temas filosóficos en stream. Antes de hacer contenido de sistemas estuve tres o cuatro años haciendo contenido de cine y filosofía: agarraba una película y trataba de analizarla filosóficamente, no sé, Inception. No lo veía ni mi vieja, obviamente, pero era una forma de canalizar esa energía creativa.

Entender y disfrutar

— Mesa: Dos preguntas. ¿Por qué creés que pegaste en el nicho tech y no tanto en el cine? Y cuando empezás a racionalizar todo y a mirarlo de forma analítica, ¿no perdés el disfrute de las películas? Me imagino analizando El padrino.

— Dager: La primera es una cuestión de proveer valor. Sobre todo en la pandemia, yo hablaba de filosofía y de cine, y sabía que si me ponía a hacer videos explicando .NET o un par de cursos iba a tener más tracción automáticamente. Además, con el contenido de cine, como era algo que me interesaba tanto, uno es mucho más indulgente con sus propios intereses. Ustedes, que andan todo el tiempo construyendo productos, saben que si sos parte del mercado de tu producto es mucho más fácil caer en el scope creep y quedarte toda la vida construyendo features y perfeccionándolo, porque sabés exactamente para dónde va. En cambio, un inversor pone la guita y lo único que quiere es rendimiento: esa frialdad, esa distancia, hace que seas más agresivo y más objetivo. El canal de filosofía era demasiada paja intelectual, interesante solo para mí.

— Dager: La segunda es una pregunta muy interesante para un debate más filosófico, sobre el disfrute como actividad intelectual o como actividad plenamente sensible. Podés escuchar una canción y decir “qué linda que suena”, y listo: un disfrute puramente sensorial, sin saber que está usando el modo eólico y por eso suena medio triste, o el jónico y suena más feliz. Para algunas personas, y creo que estoy en ese grupo, comprender la mecánica según la cual algo es disfrutable —“ah, estás usando esta escala, por eso suena medio oriental; estás usando la menor melódica o la menor armónica”— es otra clase de disfrute. En mi opinión no necesariamente se pierde: son formas distintas de disfrutar. Sobre gustos no hay nada escrito.

— Mesa: Yo pienso que cuando empezás a entender todo, dejás de disfrutar. Hay un meme de Flash que entra a una biblioteca, se lee todos los libros y deja de correr.

— Mesa: Para mí depende. A veces da mucho placer entender cómo funciona algo.

— Dager: Hay gente que disfruta del proceso de ir descubriendo cosas y masticándolas. Es como escalar montañas: la gente que escala el Everest quiere escalar, no necesariamente llegar arriba de todo. Una vez que llegás, te ponés a buscar otra montaña.

— Mesa: ¿Y alguna vez sentiste “acá llegué”?

— Dager: Jamás. Tengo un crónico y constante síndrome del impostor, y estoy seguro de que ustedes, como personas creativas y productivas, también lo tienen.

.NET, Java y la IA

— Mesa: Te quiero preguntar por tu época corpo. Viendo tu stream, te imagino en una daily standup o escribiendo commits hablando de pepinos. ¿Cómo fueron esos años en una software factory?

— Dager: Me tocó de casualidad un equipo parecido a mí en ese sentido. Siempre que fui a laburar con un grupo de gente puse como condición, en lo posible, que fuera gente con la que pudiera pasarla bien: trabajamos y nos divertimos, se rompe todo y tiramos algún chiste. Tuve suerte con el equipo. Un compañero, uno de los desarrolladores senior, también estaba interesado en la filosofía, y me acuerdo de que el gerente lo miró y le dijo: “Ahí tenés uno para que hable con vos”. Creo que tuve suerte de no laburar tanto en ambientes caretas. Con los yanquis con los que laburo, si vas a hablar con el decano de una universidad, obviamente le hablás como si fueras una persona seria, y ellos hacen lo mismo. Pero fuera de la reunión, fuera de esa presión social, se ponen a hablar de música o de cualquier cosa sin problema. En el contexto corpo tenés que caretearla un poquito: lamentablemente, en los mails todavía no puedo firmar como Dager, tengo que poner “Best regards, Mariano Villa”.

— Mesa: ¿Te gusta sufrir, que hacés .NET?

— Dager: A mí me gusta .NET: es re lindo. Me parece un entorno medio sobreingenierizado, pero si acá no les gusta .NET, me retiro ya.

— Mesa: Yo lamentablemente programé en .NET pre-IA y no me gustó. Y cuando empezó lo de la IA no volví a tocar .NET ni C#: arrancás un proyecto y te lo hace en TypeScript directamente. ¿Cómo se complementa hoy con la IA? Sos la primera persona que me dice que sigue trabajando en .NET.

— Dager: No me digan viejo. Y encima no es lo peor: sigo trabajando en Java. Mantengo una aplicación Android que está en Java, no en Kotlin. Estoy en una cápsula del tiempo. Hace dos años, si querías hacer algo en Blazor con algo como Cursor, le costaba: se notaba que no era su área de expertise, que no tenía tantos ejemplos en el dataset. Hoy no noto mucha diferencia. Igual, cuando uno programa y le va diciendo exactamente lo que quiere, es más fácil. Al tener tantos años de experiencia en .NET, inevitablemente lo voy llevando, quiera o no, así que no voy vibe codeando. No tuve la experiencia de vibe codear directamente en .NET, y no se lo recomiendo a nadie.

— Mesa: Punto a favor de .NET: no se le encontraron vulnerabilidades en esta época.

— Dager: Porque nadie lo usa. ¿Quién nos va a atacar, si somos tres viejos? Con todos los ataques de supply chain que hubo con npm y con el ecosistema de Node, yo estaba en .NET tranquilo. Y el otro día también con PHP.

Reinventar la rueda

— Mesa: Te vi en stream reescribiendo cosas que ya existen: Git, un servidor HTTP, un servidor DNS. Reinventar la rueda sistemáticamente. ¿Es para el contenido, porque el live coding es divertido? ¿O es para demostrar conocimiento técnico? Vos ya tenés experiencia, pero a alguien que está arrancando, ¿le recomendarías reescribirse Git?

— Dager: Creo que sí. Mi motivación personal es enseñar, proveer algo de valor a la gente y también aprender cosas o profundizar. Cuando vos sabés algo realmente es cuando lo podés explicar, y sobre todo cuando lo podés explicar a una audiencia que no está preparada, en términos simples, o cuando lo podés hacer por tu cuenta. Para mí es re valioso como experiencia, y después para proveer valor. Vuelvo a lo de antes: no sé si estoy racionalizando y justificando retroactivamente el esfuerzo que hice para evitar la disonancia cognitiva, o si realmente hay valor. Pero creo que entender cómo funcionan los sistemas a bajo nivel sigue siendo útil. No soy de los que dicen “ya no hay que levantar el capó, la abstracción lo hace todo y no tengo que entender nada”. Una persona se sigue enriqueciendo de entender cómo funcionan las cosas, no solamente por fetiche, sino porque tiene utilidad: te deja mejor parado. Y en estos días, estar bien parado es bastante difícil.

— Mesa: Te lo pregunté para que dejes ese mensaje. Para conseguir laburo hay dos vertientes: mostrar señal y capacidad. Si te pusiste a armar un servidor DNS, tuviste voluntad, y capacidad se supone que tuviste que tener.

— Dager: Comparto esa idea: aunque sea como señalización, te pone en otro nivel frente a una persona que solamente es usuaria de algo y no tiene ni idea de lo que está haciendo. Si tuviera que emplear a un desarrollador, me da más confianza alguien que demostró que entiende profundamente las herramientas, aun cuando en el trabajo no tenga que implementarlas desde cero. Es lo mismo con algoritmos y estructuras de datos. Los devs siempre nos quejamos de tener que hacer LeetCode, pero la empresa tiene que resolver de alguna forma la incertidumbre de si ese pibe sabe o está tratando de chamuyar su camino en la entrevista. Es una buena forma de removerla, aunque nunca vayas a implementar un quicksort en la vida real.

— Mesa: Esta semana salió algo de que las entrevistas tipo LeetCode estarían bajando. ¿Qué pensás que viene?

— Dager: Creo que system design sigue. Y yo a una entrevista presencial no voy ni en pedo si después el trabajo es remoto.

— Mesa: Yo banco la postura de “ok, la IA nos agiliza un montón, pero que no nos haga más tontos”: tenés que aprender a hacer un bubble sort todavía. Damián de Cafecito, cuando vino como invitado, nos dijo que la gente que labura con él no sube un PR que no entienda. Hoy no sé cuántas personas son capaces de seguir haciendo eso: hay gente que ya no lee el código del PR. A mí me da más seguridad saber que estoy laburando con gente capaz, que sabe lo que hace.

— Dager: De acuerdo.

Rutina, foco y el casino de dopamina

— Mesa: Más allá del déficit de atención que contaste, ¿cómo manejás tu día teniendo una empresa, creando contenido y con vida social? ¿Cómo te ordenás para rendir y no caer en un pozo de locura?

— Dager: Esencialmente caigo en un pozo de locura. Pero tengo un arreglo en mi laburo: después de trabajar tantos años con la misma gente hay camaradería y confianza, y se labura por objetivos. Mi cofundador y yo sabemos que las cosas que hay que hacer hay que hacerlas; nadie le mide el tiempo al otro. Esa flexibilidad es muy útil. En cuanto a la rutina, no soy muy fan de las rutinas superestructuradas. No tuve mucho éxito con “de tal hora a tal hora hago esto”, sobre todo porque en el ambiente startup el laburo es muy caótico: se cae un servidor y tenés que ir corriendo aunque sea domingo a las once de la noche, porque si no, no lo resuelve nadie. Prefiero pensar en la unidad mínima manejable de tiempo y asignar ahí lo que quiero hacer. Por ejemplo, a nivel semanal: voy al gimnasio dos veces por semana. Si es lunes, martes o miércoles no importa; lo que importa es que al final de la semana hayas cumplido el objetivo. Lo mismo con el laburo y con el contenido. ¿Ustedes son de rutina estricta, de levantarse a las cuatro de la mañana y ducharse con agua fría?

— Mesa: Yo trato de tener un orden: no me pongo horarios, pero sí qué tengo que hacer y en qué orden. Hoy fui al gimnasio dos horas antes, porque si no, no llegaba al stream. Si no organizo el día, me cuesta mucho acordarme de las cosas. Y me pasa el hiperfoco de promptear como un degenerado y que se me vayan cinco horas.

— Dager: Creo que es importante no hacer tanto task switching: cuando estás haciendo una cosa, estar haciendo esa cosa. Está más que demostrado que el task switching es increíblemente ineficiente, porque tu cerebro es single core. Cuando pasás de una cosa a otra, sobre todo si la dejás inconclusa, aparece lo que se llama residuo de atención: tu mente se queda con lo anterior y no lo considera cerrado, entonces hay un par de ciclos de esa CPU que vuelven a la otra tarea a chequear si ya está terminada.

— Mesa: Me acuerdo de cuando codeaba antes: era como tener un túnel en la pantalla y poder estar tres horas concentrado sin que nada me distrajera. Ahora, mientras Claude trabaja o lanza subagentes, me desconcentro mucho más fácil.

— Mesa: ¿Y qué hacés entre prompt y prompt?

— Dager: Es curioso que esta velocidad adicional nos dio mucho más downtime. Es lo que pasaba con la compilación: en los viejos tiempos ponías a compilar una base de código grande y podía tardar un rato; hay un meme clásico de programadores peleando con espadas porque “el código está compilando”. Ahora somos mucho más rápidos, pero es una velocidad en ráfagas, y de repente estás esperando a Claude y pensando qué mierda hacés mientras tanto. Se presta mucho a la distracción constante: un casino de dopamina total.

— Mesa: Yo sobre la rutina tengo cero visibilidad: mi horizonte es de acá a la cuadra que viene. Cada semana es una locura, me estoy haciendo pelota con siete millones de responsabilidades, y creo que eso te caga el largo plazo: todo el tiempo hay que reflexionar para dónde va uno y cómo posiciona la carrera.

Cursos, libros y “sé curioso”

— Mesa: Te quería preguntar por los cursos, porque hoy cualquiera puede vender un curso. Siendo un NN de veintipico, todo el tiempo me preguntan cómo arranco, cómo sigo, y yo les paso mis capacitaciones. ¿Tenés alguna guía para decirle a alguien qué mirar para elegir un curso?

— Dager: Soy increíblemente visceral y concreto. Primero, soy muy viejo: estoy acostumbrado a estudiar con libros. Nunca fui una persona de cursos; soy más de la educación tradicional, así que generalmente recomiendo libros. Y el otro consejo de cabecera es: sé curioso. Hay mucha información disponible en internet. Estamos en la era en la que tenés básicamente un docente súper paciente al que le podés decir “explicámelo como si tuviera cinco años”, de la forma más tonta posible, y progresar de esa forma. Traten de usar los recursos que tienen disponibles, y no tengan la idea de “voy a consumir esto y voy a ser bueno en esto y listo”: hagan cosas. Sobre todo a programar, en mi opinión, se aprende programando. Como no hice muchos cursos, no suelo recomendar ninguno.

— Mesa: Arthur, el sexto host, acaba de grabar un curso de Grok Bot en Platzi, y además tiene una academia.

— Mesa: Lo del conocimiento que tenemos hoy es increíble: podés profundizar hasta donde quieras. Hace diez años le decías a alguien que iba a tener un profesional en básicamente todo, que lo escucha, le explica y lo lleva de la mano, y era un golazo.

Contenido y comunidad

— Mesa: ¿Hace cuánto venís haciendo contenido? Tu comunidad es muy enérgica, y se nota que viene de tu personalidad. ¿Cómo fue construir todo eso, y qué tips tenés para la gente que quiere hacer contenido?

— Dager: Hace mucho. Hacer cosas online es de lo que más me entretiene desde siempre. El primer contenido que hice, cuando tenía como 18 años, fueron videos y streams de League of Legends: videos graciosos haciendo guías truchas de personajes. Laburaba hasta las doce de la noche, llegaba y a la una estábamos toda la noche viciando, y después me iba a la universidad sin dormir. Hoy ya no juego casi nada. Fui muy lolero: llegué a jugar en el servidor de Norteamérica cuando no había servidores de Latinoamérica.

— Dager: Los tips son lo mismo que ustedes ya conocen como personas que emprenden: concentrarse en darle valor a la otra parte. Obviamente te tienen que interesar las cosas que hacés, y está todo muy lindo con la pasión, pero para mí la clave es obsesionarse con el cliente, que cuando creás contenido es el que llega a verlo. Eso es lo que más me sirvió. Después, el juego de las redes es una paja, pero tiene mucho que ver con el packaging: encontrar la forma correcta de framear cada idea. Obviamente producí bien lo que hagas, pero también tiene mucho que ver con eso.

— Mesa: Hablando de packaging: tenés muchos formatos, política, tech. ¿Cómo los fuiste definiendo? Y vi tu stream con un jabón siendo cortado al costado para que la gente mantenga la atención: ¿eso fue resultado de un análisis?

— Dager: Totalmente espontáneo. Son memes con el chat, que es muy activo. Los pibes me decían “Dager, no me da el attention span”, y literalmente lo pusimos: durante toda una temporada de streams hubo un brain rot al costadito para la gente que lo necesitaba. Y servía. Cada tanto aparecía un viejo en los comentarios diciendo “¿qué es esa cosa en la esquina? Esto es poco serio”, porque yo estaba hablando de economía con un video de jabón cortándose al costado. Se fue dando de forma orgánica: cuando construís una comunidad que más o menos te entiende y con la que tenés ida y vuelta, se da solo.

Censura y libre expresión

— Mesa: Te bajaron un reel hace poco. ¿Te importa la censura a nivel contenido? Te pregunto la más filosófica: ¿qué opinás de la censura como tal, de la privacidad, de tener blockchain como una manera descentralizada de comunicarnos?

— Dager: Como liberal, soy medio fundamentalista de la libre expresión, salvo que crucemos cierta barrera: por ejemplo, una incitación directa al daño a otra persona, o calumniar o injuriar a alguien de un modo que le afecte la reputación al punto de perder su sustento. Si un médico va a salir a decir cualquier cosa a la gente sin saber, obviamente le va a afectar su práctica. Con esas salvedades extremas, considero que la gente debería poder decir lo que quiera, y si hay mecanismos para moderar, deberían parecerse más a lo que tiene X, que es una de las cosas buenas que tiene: las community notes. Es un mecanismo colectivo en el que la gente expresa su voluntad o su opinión. Tener censores profesionales me parece bastante peor: suena muy a Fahrenheit 451, como un ministerio de la verdad que te dice qué se puede decir y qué no.

— Dager: La gente tiene total libertad de repudiar lo que estás haciendo, de decirte que sos un desubicado, de bloquearte o reportarte. Pero confiar en un moderador y decir que tendría que haber una persona que decida qué se puede decir obvia la parte más difícil: quién es esa persona. No tenemos mandatarios bajados del cielo que llegan con la verdad revelada: son personas, y ese mecanismo inevitablemente va a encodear ciertos sesgos, los de quien le paga o los del censor mismo. No es que me moleste porque sea de una ideología: si fuera gente de derecha o gente liberal haciendo exactamente lo mismo, me seguiría molestando. Creo que es mucho más útil, y el menor de los males, que la moderación venga como un mecanismo descentralizado de la gente misma diciéndote “estás diciendo una boludez”.

PulsePath: la tecnología antes que el mercado

— Mesa: Me interesa tu lado emprendedor. ¿Es la primera vez que emprendés? ¿En qué etapa estás y cómo te sentís viniendo de lo corpo?

— Dager: Sí, es la primera vez que hago algo totalmente independiente. Viene yendo bien, pero tuvimos diversos quilombos porque no somos emprendedores: somos personas técnicas. Fuimos aprendiendo sobre la marcha cosas que ustedes ya deben saber de memoria, como encontrar primero el mercado, el product market fit, antes de hacer toda la solución. Nosotros somos ingenieros primero: teníamos toda una solución armada y después fuimos a buscar el market fit. Ahí nos dimos cuenta de que no era lo que necesitaba nuestra audiencia, o de que los stakeholders no eran los que teníamos en mente. En ese sentido fue una experiencia un poco traumática, pero uno va aprendiendo.

— Mesa: Yo estoy en la misma fase: me choqué mil veces con armar algo y descubrir que hacía falta otra cosa. ¿Cómo vienen con el producto? ¿Ya tienen usuarios?

— Dager: La base de usuarios ahora es bastante pequeña. Nuestro modelo inicial fue de arriba hacia abajo, porque así nos resultaba intuitiva la plataforma. Tiene un lado para el estudiante, que es una aplicación mobile, y un lado para la institución, la universidad, a la que le damos visibilidad de la información que recolectamos de los estudiantes. Después hay intervenciones y modelización del comportamiento de esos estudiantes. Como arrancamos por el lado B2B, recién ahora estamos empezando a encarar el B2C. Tenemos un piloto con una universidad que estamos a punto de cerrar, con más o menos 300 usuarios, en un entorno contenido, porque el producto es muy de nicho. La expectativa es que eso escale, pero estamos en una etapa súper temprana.

— Mesa: Te tiro la data, para vos y para tu comunidad, si quieren aprender de founders que ya lo transitaron: en el canal tenemos muchísimos episodios. Ariana Onega, Tomi de Clickie, Nahuel y Ariel de Rebill, que además son nuestros sponsors, Juan y Gaspi de Ato, Mara Schmitman y Gabriel de SilverDev —un episodio que es una joya, de los que más me reí—, Ariel Jolo y Bruno Torossi, Anabella de elcerokm.com, Damián de Cafecito, Tomás Holtz y Matías Solina, Fran Veiras, Naomi Couriel, Evil Rabbit, founding designer de Vercel, y el último, con Roni Bandini.

— Dager: El crack del hardware, el del reggaeton. No los tenía fichados, y cuando me invitaron me puse a escuchar algunos programas. Muy buenos.

— Mesa: Con esto de emprender con un cofundador: yo me estoy asociando con un amigo para Roundly, y no sé si es miedo, pero nervios sí. ¿Cómo fue tu proceso? ¿De dónde salió tu cofundador y qué onda asociarte con alguien?

— Dager: Una de las cosas más importantes que aprendí es encontrar a la gente correcta temprano. En el founder team tuvimos algunos elementos que eran personas recontra proficientes, que se la sabían todas, pero que tal vez no combinaban con la intención o el ritmo que querías tener, y eso es un quilombo. A mi cofundador lo conozco porque laburo con él hace seis o siete años: arranqué dando soluciones a investigadores sociales con él. Veníamos laburando juntos cuatro o cinco años antes de decidir hacer este branch off. Creo que es una forma muy intuitiva y orgánica de encontrar a la gente con la que querés trabajar: si tenés la oportunidad de tantear cómo trabaja y cómo piensa esa persona, y desde ahí hacer un branch off. Es lo que he visto que hacen muchas startups: primero es un equipo que trabaja junto en otro contexto. ¿La persona con la que te vas a asociar es alguien con quien ya venías laburando?

— Mesa: Nunca laburé con él. Conectamos mucho en un ámbito social: yo antes misionaba con la escuela religiosa en distintos lugares de Buenos Aires, y lo conocí ahí. Le di una mano con un proyecto que estaba codeando y, después de laburar un par de cosas así de buena onda, me propuso ser el técnico del proyecto. Arrancamos juntos en abril. Yo estudié publicidad cuatro años, me recibí en 2022, y después estudié un año entero desarrollo full stack en Digital House. Cuando arrancó la IA, me encontró con un paso técnico y con la posibilidad de hacer cosas creativas.

— Mesa: Siendo tu primera vez emprendiendo, ¿qué fue lo más difícil?

— Dager: No es lo mismo, por más que uno crea que se la sabe todas. La mayor parte de mi experiencia era con equipos chicos: incluso en la software factory, muchos productos los hacía yo de comienzo a fin, apadrinaba a los clientes, hacía de analista y me hacía cargo de todo el desarrollo. En un equipo chico tenés que ponerte muchos sombreros, y aun así, con todo ese background, creía que ya tenía todo lo necesario. Arrancamos al revés: armamos toda la tecnología y la infraestructura y después fuimos a buscar un mercado. Eso es increíblemente desafiante. Probablemente lo más difícil fue pensar más como un MBA que como un ingeniero; incluso hoy no lo tengo curtido. Y los pitches me resultan irritantes: sobrepienso y sobreexplico, como habrán notado. Pero son habilidades blandas que se practican; no lo considero un desafío infranqueable.

— Mesa: ¿Alguna vez te pasó enamorarte de la solución y no tanto del problema? Fran, de Gravl, una app de fitness que te programa rutinas con IA, nos contó que tienen un onboarding súper largo para conocer al usuario. Con el attention span que tenemos, parecería contraproducente, pero a ellos les convierte. ¿Te pasó enamorarte de una feature que no convierte y ser terco porque querés que funcione?

— Dager: Constantemente, y es una de las cosas que tuve que aprender a hacer menos. Cuando uno es ingeniero, muchas veces hace cosas porque está bueno hacerlas: porque son interesantes, porque son un desafío técnico, o porque tenés en la mente “vamos a implementarlo como microservicios”. Y tenés más servicios que usuarios. Primero hacé un monolito cualquiera, sacalo al mercado y fijate si a alguien le interesa.

— Dager: Un ejemplo concreto con PulsePath. La aplicación funciona esencialmente encuestando a los estudiantes: al estudiante le llega una pregunta cada tanto, y además tenemos contexto de la institución y otras cosas. Con esas respuestas creamos lo que se llaman constructos, facetas del desempeño de esa persona: desempeño académico, bienestar emocional. Le damos visibilidad a la institución, y con un motor de machine learning modelizamos al estudiante a partir de lo que observamos a lo largo del tiempo y generamos insights, que son la vuelta hacia el estudiante: “en esta materia te estuvo yendo un poco peor que a tus pares; mañana hay una sesión de estudio con gente de esa materia, tal vez te interese ir”.

— Dager: En Estados Unidos todas las universidades tienen un departamento entero de counselors dedicado a que los pibes estén bien psicológicamente y tengan recursos y cosas para hacer. Nuestra idea, la primera vez que lo tuve que pitchear, era que los counselors iban a ser muy restrictivos: que iban a querer tener la última palabra y no iban a querer que la aplicación le mandara un mensaje al estudiante sin poder evaluar manualmente cada insight. Lo que encontramos fue que lo primero que preguntaron en esa reunión fue “¿y no lo pueden hacer ustedes?”. Nosotros tratamos de transmitirles que no veníamos a reemplazarlos, y ellos querían que los reemplazáramos. Tuvimos que volver al drawing board y reframear toda la propuesta de valor para habilitar la automatización de ese proceso. Cuando ya tenés un modelo mental de tu usuario antes de haberlo comprobado y construís toda una infraestructura en torno a eso, es muy difícil largarlo. Nuestra primera reacción fue “no, es así como funciona el producto”. Después hubo que aprender a soltar: en esta etapa de emprender tenés que entender a tu usuario y a tu mercado, y largar.

— Mesa: Aprovecho que estos son los momentos más serios y rescatables del episodio para agradecer a nuestro sponsor: la única manera de aceptar pagos locales y ofrecer cuotas en Argentina, la infraestructura financiera para las Américas, Rebill. Muchas gracias, Rebill.

Cripto y el poncho de emprendedor

— Mesa: ¿Cómo te llevás con cripto, Bitcoin, Ethereum? ¿Te interesa ese nicho?

— Dager: Me interesó un montón. Uno de mis primeros proyectos como freelancer fue una integración con IOTA, una cadena dedicada a internet de las cosas y microtransacciones. A partir de ahí me interesó técnicamente todo lo que era blockchain y estudié bastante de cerca la parte tecnológica. Después, cuando entrás en eso, obviamente es una timba, así que empecé a invertir. Creo que la descentralización era, en su momento, una propuesta bastante promisoria y ambiciosa, la descentralización de la web. Pero en muchos casos el mundo cripto se convirtió en una solución en busca de problemas, que es de lo que hablábamos recién: mucha gente tratando de resolver todos los problemas con cripto. Incluso con Bitcoin: el tiempo ideal de un bloque en la blockchain de BTC es de 10 minutos, y lo comparás con un jugador establecido como PayPal. Sobre todo en el último ciclo hubo un montón de hype innecesario y un montón de purga, pero los principios generales me parecen muy copados. ¿Ustedes son cripto?

— Mesa: Yo bastante: gané varias competencias, tipo hackathons cripto. Y Gasti está en Monad, que de hecho es de las más rápidas: hay un bloque nuevo en fracciones de segundo.

— Mesa: Te quiero llevar un poco más a lo emprendedor. Vos hacés una diferencia entre el mundo emprendedor y vos, pero de lejos te veo bastante emprendedor: curioso, autodidacta, armándote tu propio camino, creando contenido mientras laburás. ¿Te cabe el poncho de emprendedor?

— Dager: Supongo que sí, en el sentido de hacer cosas: me identifico como ustedes, como un builder, o como se llame su comunidad.

— Mesa: Para que entiendan el lore: nuestra comunidad son builders, pero hay una facción más manija que se llama los botters.

— Dager: Hay un par en el chat que se acaban de convertir en botters, te lo garantizo. Pero sí, me identifico como una persona emprendedora en el sentido de que siempre quiero estar haciendo cosas. Aparte de PulsePath, hace un par de meses estoy armando un producto de creación de contenido: usar herramientas de IA para crear contenido, pero sin el slop. Quiero dar una solución para retener el input creativo de una persona cuando quiere hacer, por ejemplo, un video, pero poder usar estas herramientas sin ser un ludita que simplemente se niega. Hacer cosas es algo que me recontra caracteriza; soy increíblemente inquieto. Pero le tengo mucho respeto a la gente como ustedes, que tiene más cancha en lo de MBA, en saber la terminología correcta y cómo ir al mercado, cosas en las que me considero un pichón todavía. Está esa dualidad.

— Mesa: Nadie arrancó sabiendo. Ese es un poco el camino builder, emprendedor, startupero.

Preguntas rápidas

— Mesa: Para ir cerrando, tenemos la mini sección que arrancamos en el episodio anterior con Roni: preguntas rápidas en las que tenés que elegir una opción. ¿Estás listo?

— Dager: Nací listo.

— Mesa: ¿Filosofía o Computer Science?

— Dager: Al final voy a tener que decir Computer Science. Pero cosas como la teoría de la información entran en Computer Science, y eso es súper filosófico, súper profundo. Así que Computer Science en ese espectro amplio.

— Mesa: ¿C# o JavaScript?

— Dager: C#.

— Mesa: ¿Kant o Nietzsche?

— Dager: Kant, toda la vida.

— Mesa: ¿Hacer algo desde cero o usar una librería?

— Dager: Depende de lo que sea. Hay una frase en programación: los amigos nunca dejan que sus amigos escriban su propia criptografía. Si es criptografía, no te hagas el piola. Si es algo como implementar un Observer, implementalo para aprenderlo y después usá la librería.

— Mesa: ¿Stream o video editado?

— Dager: Probablemente video editado, si tuviera los recursos.

— Mesa: ¿Un proyecto que no deberías haber hecho?

— Dager: Mi canal de filosofía probablemente fue excesivamente drenante en tiempo y esfuerzo y no llegó a nada.

— Mesa: ¿Gatos o pepinos?

— Dager: Mis dos amores. Tengo cuatro gatos y voy a seguir en la casa cuando termine este stream, así que voy a decir gatos.

— Mesa: ¿Algún tema de reggaeton que te guste, aunque sea uno?

— Dager: Cuando laburaba en un parque de diversiones sonaba uno que no sé cómo se llama. Es de J Balvin. Ese.

— Mesa: Y la última: PulsePath en una palabra.

— Dager: Éxito académico. Todo junto. Lingüísticamente, una palabra puede tener tranquilamente más de un fonema: para algo me sirvió la filosofía, para debatir estas pelotudeces.

— Mesa: Unas más. ¿Programar es una ciencia, una ingeniería, o es un arte?

— Dager: Es un arte, una cosa artesanal. Por más que puedas usar mecanismos de las ciencias formales, por ejemplo para probar la corrección de un programa, lo que vos hacés es crear, y eso es algo más propio de un artesano que de un científico, en mi opinión.

— Mesa: ¿Una sociedad más feliz o más libre?

— Dager: Creo que una es conducente a la otra; sé que la pregunta es un poco capciosa. Prefiero una sociedad libre a una distopía a lo Huxley, Un mundo feliz.

— Mesa: ¿Utilitarismo o deontología?

— Dager: Si tengo que elegir, el utilitarismo es mucho más útil. En ese sentido soy más rawlsiano: un híbrido, un consecuencialismo con algunos principios fundamentales, como los derechos elementales o inalienables. Pero si tengo que elegir sí o sí, utilitarismo.

— Mesa: ¿Preferís tener razón o descubrir que estabas equivocado?

— Dager: Descubrir que estaba equivocado. Cualquiera que haya leído La República más de tres páginas llega a decir: “Mirá, tiene sentido”.

— Mesa: Dager, Mariano, como te guste que te llamen: muchísimas gracias por pasarte. Y muchísimas gracias a tu comunidad por sumarse: el chat fue una locura, me cagué de risa. Nos estaremos viendo.

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